Emociones a escena

 

 

 

Era inevitable escribir este post tras el estreno de la película Inside Out, dirigida por Pete Docter para la productora Disney y los estudios Pixar. Aunque ya sabíamos hace tiempo que la neurociencia iba a tener mucho que aportar al mundo audiovisual y, en concreto, al cine, no se intuía que podía ser de una forma tan magistral y pedagógica como ha resultado ser “Del revés” (título con el que se está comercializando en España).

Hablar de emociones es complicado porque éstas son el conjunto de reacciones neurofisiológicas que se producen en nuestro sistema nervioso como consecuencia de situaciones o de estímulos externos e internos (un pensamiento o un recuerdo pueden generar impulsos electroquímicos que alteren los estados emocionales de un individuo), y la toma de conciencia de esos cambios es lo que denominamos sentimientos (A. Damasio).

En Inside Out podemos ver cómo han delimitado muy bien esa frontera entre las emociones y los sentimientos. Las primeras están en el interior de la protagonista y los segundos en la forma en cómo los experimenta y los expresa (recordemos cómo ya describió C. Darwin las expresiones en los animales y en el hombre allá por 1872). Y cómo terminan influyendo en la toma de decisiones durante actividades cotidianas sin trascendencia o hasta resolver una situación crítica que puede afectar al futuro de un individuo y a las personas allegadas.

Tomar una decisión responde más a cómo nos sentimos ante un problema que a cómo lo valoramos desde la racionalidad. Las emociones nos permiten actuar rápidamente y la razón requiere de más tiempo; algo que, desde el punto de vista evolutivo, la biología tuvo que solucionar habilitando dos sistemas de procesamiento de la información (sistemas 1 y 2 de D. Kahneman) para garantizar la supervivencia frente a amenazas exteriores.

En la actualidad, ningún animal peligroso nos espera a la vuelta de la esquina para amenazarnos y desatar un conjunto de reacciones inconscientes que nos permitan huir y ponernos a salvo. Pero millones de años de evolución han ido macando nuestras respuestas de manera que somos capaces de actuar con más acierto cuando nos dejamos llevar por las emociones y la intuición que tras un largo proceso de razonamiento.

Aunque en Inside Out muestran cinco emociones básicas (en realidad faltaría una sexta, la sorpresa), al final de la película podemos observar cómo alegría y tristeza pueden “sumarse” para dar lugar a la melancolía o la añoranza, a partir de una edad en la que las emociones puras dejan de serlo para alcanzar múltiples estados por la combinación de la seis primarias. Algo que ya describieron P. Ekman y R. Plutchik con diferente criterio pero coincidiendo en la elaboración de una matriz donde la combinación de las emociones da lugar a un arco iris de posibles sentimientos y niveles de afectación.

Pixar se ha apoyado en el asesoramiento de D. Keltner, director del GGSC de Berkeley, para construir una historia sólida desde el punto de vista científico, pero también han usado técnicas de análisis neurofisiológico para constatar la respuesta pretendida en el espectador. Por esta razón, habrá un antes y un después de inside Out en el mundo audiovisual, sentando los procedimientos y protocolos que permitirán lanzar producciones con la garantía de obtener miedo cuando se quiere transmitir miedo, sorpresa cuando se quiere provocar sorpresa o felicidad cuando se quiere transmitir alegría.

En este ámbito, como en el neuromarketing, la neurociencia tiene mucho que aportar para garantizar la efectividad de las acciones llevadas a cabo, pero lo que no puede solucionar es la capacidad creativa de quienes han de encontrar la idea que cautive al público. Un buen primer paso para quienes se quieran aproximar al neuromarketing debería ser ver Inside Out y observar sus propias reacciones a lo largo de la película.

 

José Manuel Navarro Llena.

@jmnllena

 

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José Manuel Navarro Llena

Experto en Marketing y Neuromarketing

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